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El pensamiento mecanicista ir cooptando paulatinamente todas
El pensamiento mecanicista irá cooptando paulatinamente todas las áreas de desarrollo humano y explicará, desde su peculiar posición, la forma en que debe funcionar la organización social y económica. Para ello era importante establecer un arquetipo de vivienda en el que la eficiencia fuera el baremo, pues solo así dicho funcionamiento podía ser entendido por el grueso de la población. Se estipuló entonces que la vivienda era funcional solo en la medida en que incorporara los avances tecnológicos de la época, es decir, aparatos e instalaciones que facilitaran la vida doméstica y la comodidad. Curiosamente, estas innovaciones técnicas fueron en principio totalmente despreciadas por los arquitectos (Rybczynski, 2009) y, en su lugar, ingenieros y decoradores de interiores fueron supliendo la labor arquitectónica que en un momento determinado quedó en entredicho.
Sin embargo, después de la Primera Guerra Mundial, el maestro Walter Gropius fundará la trascendente escuela de la Bauhaus, que será una especie de reacción al desplazamiento que estaba sufriendo el arte del espacio. En un principio, esta tenía como objetivo mimetizar todas las artes en una, utilizando como mao inhibitor el trabajo manual derivado de las artes plásticas. Pero con la llegada de algunos de
los artistas constructivistas como Theo van Doesburg o László Moholy-Nagy, la Bauhaus modificaría el rumbo hacia la producción industrial y hacia la normalización y el diseño de objetos industriales de uso cotidiano. Gropius cambiará incluso el plan de estudios para dirigirlo hacia lo que consideraba una arquitectura libre de engaños y de falsas apariencias en total connivencia con el despliegue positivista.
Lo que aquí resulta relevante es la homologación que hace Gropius de la vivienda con los trajes modernos y los aparatos de uso cotidiano, como si aquella fuera un instrumento o un objeto de manipulación que tuviera un fin específico. Entonces ¿cuál es la función de una vivienda? ¿De qué forma podemos saber, dada la diversidad de opciones que hay de habitar, si la vivienda funciona correctamente? ¿Cómo definir la eficiencia en el habitar? Más tarde, Gropius resolverá el enigma: “En líneas generales, la mayor parte de la gente tiene las mismas necesidades en la vida. El hogar y su mobiliario son productos de consumo masivo y su diseño es más una cuestión racional que pasional” (Gropius, cit. en Roth, 2008, p. 510).
Por su p
arte, el arquitecto franco-suizo Le Corbusier sintetizará esta idea en la máquina para vivir:
Como puede observarse, más allá de la confianza en los esquemas universalistas emanados del positivismo y materializados por el extraordinario avance tecnológico del siglo xx, Le Corbusier insinuará que el usuario de esta vivienda es un varón; más que por su reiterado uso genérico de la palabra “hombre”, es la universalidad del sujeto referido la que se manifiesta como propiamente masculina.
La máquina para vivir se impondrá entonces como un prototipo de vivienda para el obrero y la búsqueda de su espacio mínimo proporcionado por el Estado se convertirá en el tema del Segundo Congreso Internacional de Arquitectura Moderna llevado a D loop cabo en 1929 en Frankfurt, Alemania. Con la necesidad de realojar a la gente tras la devastación de la Primera Guerra Mundial, el arquitecto Ernst May reclamó propuestas que coadyuvaran a encontrar una nueva tipología habitacional con la máxima comodidad y la mínima inversión económica. El éxito fue rotundo, y el denominado mínimo existencial (existenzminimum) se convirtió a partir de entonces en un ejemplo internacional de la forma en que podía resolverse el problema de la vivienda obrera. En el mismo sentido apuntaban las investigaciones que Alexander Klein realizaba sobre el “mínimo de vivienda”, el cual sustentaba un mínimo existencial: mínimo biológico de aire, luz y espacio para la vida: